El valor distintivo del Programa de Uso Responsable de Biosólidos se encuentra, sin duda, en el acompañamiento que el equipo de CuencaVerde realiza en campo, complementando la gestión del material que se genera en las PTAR del Grupo EPM.
De esta manera, el biosólido como insumo para la nutrición de suelos se destaca no solo por su origen y su aporte a la economía circular, sino también por ser una materia orgánica accesible, respaldada por un proceso integral basado en estudios, seguimiento y aprendizaje continuo.
Más allá de las experiencias compartidas por los usuarios, el Primer Foro de Usuarios “Experiencias con Biosólidos”, realizado en abril de 2026, permitió profundizar en los aspectos técnicos que hacen posible su implementación en los predios. En este contexto, los técnicos de campo se consolidan como actores clave del programa, al acompañar a cada usuario desde una comprensión integral de sus condiciones, retos y oportunidades, transformando el conocimiento técnico en soluciones aplicables.
Del reto a la solución y la implementación en campo
El biosólido, distribuido en presentación húmeda y seca, ofrece diversas posibilidades de uso, pero también plantea retos asociados a su recepción, preparación y aplicación. Factores como la topografía, la logística y las dinámicas propias de cada finca condicionan la forma en que este insumo puede ser aprovechado, siempre bajo el cumplimiento de la normatividad vigente, en particular el Decreto 1287 de 2014.
Durante su intervención, el técnico de campo Jhonatan Callejas, con más de cuatro años de experiencia en el rol, presentó la ponencia “Sistemas de recepción, dilución y riego de biosólido: herramientas y aprendizajes”, apoyándose en registros de estructuras implementadas por usuarios en diferentes subregiones de Antioquia. Estos ejemplos evidenciaron la capacidad de adaptación e innovación de los productores frente a la incorporación del biosólido en sus sistemas productivos.
Uno de los aspectos más relevantes fue la implementación de sistemas de riego adecuados de forma manual con sistema de mangueras o con aspersores, los cuales facilitan la aplicación del biosólido húmedo y mejoran la eficiencia operativa. Asimismo, se destacó la importancia de prever situaciones como taponamientos o la presencia de posibles residuos, lo que hace necesario un diseño cuidadoso de las infraestructuras.
En cuanto a los procesos de dilución, se observó una amplia diversidad de prácticas, que van desde métodos manuales con herramientas sencillas hasta soluciones más tecnificadas como agitadores eléctricos. Estas diferencias ponen en evidencia que no existe una única forma de implementar estos sistemas, sino que cada predio desarrolla alternativas acordes a sus recursos y necesidades.
Una de las soluciones más destacadas permite que el biosólido descargado desde la volqueta llegue directamente a un tanque con agua, manteniendo su consistencia y eliminando procesos intermedios. Esta infraestructura contribuye a optimizar tiempos, mejorar la eficiencia operativa y reducir riesgos asociados al manejo del material.
Aprendizajes que fortalecen el proceso
La diversidad de infraestructuras observadas, en soluciones más básicas o sistemas más tecnificados, demuestra que el éxito en el aprovechamiento del biosólido radica en la capacidad de adaptación a las condiciones específicas de cada predio.
En todos los casos, el manejo adecuado del material debe garantizar la prevención de impactos ambientales, especialmente evitando procesos de infiltración y asegurando un uso responsable del recurso.
De igual manera, los métodos de aplicación varían según la disponibilidad de mano de obra y los recursos técnicos y la variedad de herramientas refleja la flexibilidad del programa y la posibilidad de ajustar las prácticas a distintas realidades productivas.
Como mensaje final, se enfatizó que la correcta implementación de estos sistemas depende de un equilibrio entre la eficiencia operativa, el cumplimiento normativo y la responsabilidad ambiental. En este proceso, el acompañamiento técnico continuo y el uso adecuado de elementos de protección personal se consolidan como factores clave para garantizar un manejo seguro y efectivo del biosólido.


